22 Oct
22Oct

"El individuo está condenado a inventarse a sí mismo, a cambiar, a transformar su imagen... La moda ya no se contenta con vestir los cuerpos, quiere remodelarlos. El cuerpo se ha convertido en el último fetiche de la modernidad hiperconsumista."(Lipovetsky "El imperio de lo efímero")

"La seducción se ha generalizado, se ha convertido en un imperativo social que pesa sobre todos, y especialmente sobre las mujeres. Ya no se trata solo de parecer joven, sino de producir signos de juventud, de ser un perpetuo debutante en la vida."
(Lipovetsky  "La tercera mujer")

"El cuerpo se ha convertido en el objeto privilegiado de la realización personal, la última obra de arte que nos queda por modelar. Es a la vez un capital que hay que hacer fructificar y un signo de identidad que hay que exponer."(Lipovetsky "El crepúsculo del deber")

"El cuerpo femenino se ha convertido en un proyecto, un objeto de trabajo constante. Este trabajo no se experimenta como opresión, sino como empoderamiento, en una cruel inversión del lenguaje de la liberación." (Sandra Lee Bartky)

"El espectáculo unificado... ha generalizado el uso de un doble espectacular de cada individuo, un doble que todos pueden reconocer inmediatamente como el portador del significado exclusivo de su vida." (Debord,"Comentarios sobre la sociedad del espectáculo) 

La Substancia es una película de body-horror y ciencia ficción, pero también una crítica social al imperativo de juventud y apariencia deseable en las mujeres, que cotizan en un mercado de la imagen, y deben actualizarse o resignarse a desaparecer del foco, algo que hace que la cirugía estética luche contra el tiempo y atente contra el propio cuerpo, ahora ajeno, expropiado por el público y el establishment patriarcal.  La "Sustancia" te permite clonarte para compartir el cuerpo con una versión más joven y perfecta de ti misma. Pero hay una regla: debes turnarte. La una no puede saber de la otra.

La Sustancia" es una tecnología transhumanista: Es literalmente una tecnología que permite superar la limitación biológica del envejecimiento. Es el elixir de la juventud empaquetado como producto biotecnológico. Se trata de un desarrollo terrorífico de la exquisita comedia "La muerte os sienta tan bien" de Zemeckis.

La película muestra un transhumanismo de consumo, no élite. La versión beta o de aliexpress, cuyo consumo tiene unas reglas aparentemente arbitrarias, pero de cumplimiento imperativo, como en los cuentos tradicionales con moraleja. Elisabeth no accede programas comprobados o terapias de lujo, accede a una solución tecnológica empaquetada y comercializada para la plebe. Es el transhumanismo que podría venderse en una farmacia, no en un laboratorio de vanguardia. Esta eugenesia cosmética no es una mejora, sino una maldición. Se reproduce el bronco debate filosófico de Sloterdijk contra Habermas: "El hombre es el ser que debe superar su propio estadio, y hoy lo hace mediante prótesis técnicas." frente a ello "La auto-instrumentalización del hombre destruye la relación no instrumental consigo mismo que es la base de la moral."

El verbo modal del poder ya no es el 'deber', sino el 'poder'. Su imperativo reza: '¡Sé capaz de todo!'. Y si fracasas, te fracasas a ti mismo." (Byung-Chul Han)

Esta es una nueva versión de Dorian Gray, pero en lugar del retrato que acumula la podredumbre de la vejez y los vicios morales, es el propio cuerpo el que acusa camios permanentes a cambio de destellos de gloria y prestigio vividos vicariamente a través de una copia que reclama su espacio, su lugar, su identidad y su propio éxito.

Fargeat como directora hace un compendio visual que mete en la turmix estética publicitaria y de MTV, ecos de Kubrik (El resplandor), Hitchcock (Psicosis), Cronenberg (La Mosca), David Lynch (El Hombre Elefante) o Aranofsky, pero también artesanos del horror como Stuart Gordon y Yuzna, con un montaje nervioso.

La mirada asquerosa del ejecutivo machito nos recuerda el "Male Gaze" del que hablan autoras como Mulvey:  “En un mundo dominado por el desequilibrio sexual, el placer de mirar se ha dividido entre lo activo/masculino y lo pasivo/femenino. La mirada masculina, determinante, proyecta su fantasía sobre la figura femenina, que se estiliza en consecuencia. En su rol exhibicionista tradicional, las mujeres son simultáneamente observadas y exhibidas, con su apariencia codificada para un fuerte impacto visual y erótico, de modo que se puede decir que connotan la necesidad de ser observadas.”― Laura Mulvey, Placeres visuales y otros.

Bajo el capitalismo, el trabajador vende su fuerza de trabajo. Bajo el capitalismo patriarcal, la mujer (especialmente en industrias como la televisión) debe vender también su imagen corporal como parte de esa fuerza de trabajo. Elisabeth se aliena literalmente de sí misma al crear un "producto" (su yo joven) que se vuelve autónomo y competitivo. Ya no es dueña de su cuerpo; es la gerente de una marca

El horror a la vejez se combina con la necesidad de ser amada por las masas y de mantener su estatus. Su desaparición de la escena sería para Elisabeth, su desaparición total, ya que ser observada/amada es su razón de ser única. Cuando tiene la oportunidad de ir más allá y establecer una conexión humana real, elige vivir su sueño, incluso como pesadilla.

El producto de su ambición, en un giro a lo "Seconds" de Frankenheimer ( aquella pesadilla de película sobre una organización secreta que organiza una segunda vida, en teoría una vida soñada,  que nunca funciona y acaba dejando cadáveres a su paso) acaba dejando un debate sobre identidad. Como diiría Baudrillard: "La simulación amenaza la diferencia entre lo 'verdadero' y lo 'falso', lo 'real' y lo 'imaginario'." El horror de Elisabeth es descubrir que su "yo real" es menos real que el simulacro joven.

"La disciplina corporal... produce un cuerpo 'dócil' y feminizado, un cuerpo sobre el cual opera un poder no tanto represivo como productivo. La mujer contemporánea se ha convertido en su propia carcelera, entregándose a una vigilancia corporal implacable." (Sandra Lee Bartky)

 La lógica de mercado internalizada que exige producir, consumir y descartar versiones de una misma, es la vorágine que acaba convirtiéndola, literalmente, en un monstruo, una caricatura del proceso de auto-mejora. El sistema no solo te explota; te obliga a auto-explotarte hasta el punto de crear tu propio reemplazo, y acaba por devorarnos a todos.

Aquí es donde entra Lipovetsky: En la "sociedad hipermoderna", la identidad se convierte en un proyecto de personalización y mejora continua, influenciado por el modelo de la moda. La mujer no solo consume productos, sino que debe consumirse y reinventarse a sí misma para mantenerse en el mercado social y profesional. Elisabeth Spark no busca la Sustancia por vanidad, sino porque su valor de cambio en la televisión (su audiencia, su relevancia) está vinculado a su capital juvenil. La Sustancia es el equivalente a una actualización de producto obligatoria para no quedar obsoleta.

El "retrato" de Dorian Gray ya no está escondido en un ático. Es tu propio cuerpo visible. La versión joven (Margaret Qualley) es el "retrato" público y perfecto, mientras que la original (Demi Moore) se convierte en el cuadro escondido en el ático donde se acumula la podredumbre y la edad. Lo que se esconde es l yo auténtico y la propia fragilidad y mortalidad.

El cuerpo se ha convertido en el soporte privilegiado de la realización personal en la era del vacío.  Como afirma cierta pensadora brasileña: "El cuerpo deviene un proyecto inacabado, siempre perfectible mediante intervenciones técnicas." (Paula Sibila). El valor de mercado de Elisabeth depende de su capacidad para 'producir signos de juventud'. La Sustancia, por tanto, no es ciencia ficción: es la materialización en forma de horror corporal de las lógicas más perversas de nuestro tiempo.

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