
"El problema no es que la fantasía realice un deseo inalcanzable. El problema es que la fantasía ya es una forma de violencia simbólica. Impone al otro un guion que no ha elegido." (Zizek, Less Than Nothing, 2012)
Ruby Sparks (2012, Dayton y Faris con guión de Zoe Kazan) es una película de terror disfrazada de rom-com. Paul Dano interpreta a un tímido escritor que en pleno bloqueo, consigue por fin escribir imaginando a la chica de sus sueños. El acoso de las fantasías del que hablara Zizek cobra vida en la carne de una Ruby (Zoe Kazan) que se materializa y aparece en la vida de Calvin.
La película juega a subvertir clichés. Tras la Manic Pixie Dream Girl imaginada hay un ser humano real. Tras el chico sensible pero retraído hay en realidad un proto-incel con ansias de control al que la premisa de una omnipotencia total sobre su pareja da rienda suelta la parte más oscura de si mismo. Una reflexión sobre las fantasías, la percepción del otro, la objetivación. las relaciones... y las abismales simas de la comedia romántica contemporánea y sus dinámicas tóxicas: mundos ideales que colapsan en contacto con la vida real (se ha roto la barca del amor contra la vida cotidiana, cantaba Raimon).
Porque producto de su imaginación, Calvin (Paul Dano) puede reescribir a Ruby, cambiarla, moldearla, aunque eso signifique dañar el libre albedrío e incluso la dignidad y seguridad. No es amor, sino obsesión y delirio.
Calvin, acaba de descubrir que tiene un poder aterrador: puede controlar a su novia perfecta tecleando órdenes en una máquina de escribir. Y lo usa. La hace cantar. La hace desnudarse. La hace gatear y ladrar como un perro. La obliga a decir "te quiero, eres un genio, nunca te dejaré" mientras ella llora sin poder evitarlo.
Crear una imagen del otro es casi inevitable, proyectando deseos y miedos en alguien que no es un lienzo en blanco. La madurez consiste en ser consciente de ello y salir al encuentro del otro real. Ruby Sparks juega con las puras fantasías, sobre todo masculinas, y se pregunta: ¿y si ella tuviera opiniones propias? ¿Y si quisiera salir, tener amigos, conocer a tu familia, ser algo más que un espejo de tus deseos?
En los primeros treinta minutos, Ruby es el arquetipo perfecto del Manic Pixie Dream Girl: esa figura femenina que irrumpe en la vida del héroe masculino para enseñarle a vivir, a sentir, a ser mejor persona, sin tener necesidades ni conflictos propios. Ruby no tiene trabajo. No tiene amigos. No tiene pasado. Su existencia se reduce a ser la novia perfecta de Calvin.
Calvin no ha creado un personaje femenino completo, con contradicciones y deseos propios. Ha creado una fantasía. Y el problema no es solo de Calvin: es el problema de décadas de cine y literatura escritos por hombres que imaginan a las mujeres desde fuera, sin preguntarles nunca cómo son por dentro. Zoe Kazan, que escribió el guion con veintipocos años, ha dicho que la película no es solo una deconstrucción del MPDG, sino una exploración de cómo la mirada masculina proyecta ideales de mujer que las mujeres reales no pueden alcanzar.
Ruby, al existir, comienza a tener vida propia. Quiere salir. Quiere conocer a la familia de Calvin. Quiere tomar clases, hacer amigos, tener un espacio propio. Y Calvin no sabe gestionarlo. Él no ha escrito una mujer independiente. Ha escrito una novia sumisa. Cuando Ruby empieza a desviarse del guion, Calvin se siente traicionado.
Calvin descubre que puede controlar a Ruby. Literalmente. Puede escribir "Ruby es feliz" y ella sonríe. Puede escribir "Ruby está triste" y ella llora. Puede escribir "Ruby te necesita" y ella se pega a él como una lapa, y usa ese poder. Al principio, con pequeñas cosas. Luego, con más intensidad. Hasta que llega la escena del clímax, la que convierte la película en una pesadilla.
Zizek advierte de que la fantasía no es un refugio contra la realidad, sino el marco que organiza cómo accedemos a la realidad. Calvin no desea a Ruby. Desea que Ruby desee lo que él quiere que desee
Escrita por una mujer, llevada a cabo por dos parejas reales, la película no solo critica la fantasía masculina de control: Es una reflexión desde la vida real sobre la ficción y el modo de relación que se promueve, propone un modelo alternativo de relación basado en la reciprocidad y el respeto a la autonomía del otro.
En 1975, Laura Mulvey publicó un ensayo que dinamitó la teoría cinematográfica: "Placer visual y cine narrativo". Su tesis central era simple y devastadora: el cine clásico de Hollywood está construido para el placer de la mirada masculina.
No es solo una película sobre una relación tóxica. Es una película sobre cómo los hombres han contado historias de mujeres durante siglos, y sobre lo que pasa cuando esas mujeres se niegan a seguir el guion. Los personajes femeninos son, en gran medida, manifestaciones de cómo los hombres imaginan a las mujeres.
En la película se verbaliza "ser mirada pero nunca vista". Ver al otro y apreciarlo en su diferencia, hacerse cargo de ella, y nutrir un vínculo sin dependencia, es hacerse cargo no sólo de su manera de estar en el mundo, sino de la propia manera de actuar en él.